¡Panetón, una costumbre milanesa!

Con solo pronunciar su nombre, muchos sienten su sabor y reviven momentos en donde el Panetón, ha sido un gran anfitrión. Miles de generaciones navideñas lo recuerdan y añoran, buscando la forma de traerlo al centro de la mesa en la ocasión correcta.

Esta es una historia construida a partir de una casualidad que se dio en el momento y lugar indicado. Quizá si se hubiera planeado, los hechos se habrían desarrollado de otra manera. El caso es que según una de las leyendas más conocidas, el Panetón o Panettone, nació en una cena de navidad por una distracción del chef.

Ludovico, un gran señor de Milán, se encontraba celebrando una fiesta de navidad acompañado de una cena con platos dignos de las personas más prestigiosas y la corte milanesa de la época. Cuando llegó el momento del postre, el terror invadió la cocina, pues uno de los cocineros al sacarlo del horno, se dio cuenta inmediatamente de que éste se había quemado y no había tiempo para reponerlo con otro.

Por fortuna y tal vez coincidencia del destino, uno de los lavaplatos había guardado algunas sobras de los ingredientes utilizados aquella noche y horneó un pan para llevárselo a su casa. El nombre del joven era Antonio y propuso servir su creación como postre, pues éste era un pan grande y dulce relleno de trozos de frutas y mantequilla y de aspecto muy agradable.

El cocinero no lo dudó e inmediatamente fue llevado a la mesa del Duque y el éxito fue tal, que Ludovico hizo traer al joven lavaplatos para preguntar el nombre de aquel delicioso postre y al descubrir que aún no había sido llamado de alguna forma, el señor decidió bautizarlo Pane de Toni. Con los años por su puesto, se convirtió en Panettone y como lo conocemos en nuestra región, Panetón.

Fue dado a conocer por comerciantes genoveses que llegaron a Perú con la novedad y desde aquella vez, no ha dejado de hornearse en países vecinos e incluso el nuestro.